Es una celebración internacional de origen cristiano que tiene lugar el día 1 de noviembre. No es solo una festividad en honor de los santos o beatos, sino también de aquellos difuntos que han superado el purgatorio (estado del alma de purificación de los pecados después de la muerte).

El papa Gregorio IV fue quien proclamó la fiesta en el año 835. Se cree que escogió el 1 de noviembre porque en esta jornada los pueblos germanos celebraban una de sus festividades y, por entonces, la Iglesia buscaba eliminar las celebraciones paganas.

En España el Día de Todos los Santos se celebra con diferentes fiestas en cada una de las provincias y comunidades para recordar a los familiares y amigos difuntos. Por tradición, se acude desde temprano por la mañana a los cementerios con ramos de flores (de hecho, es el día del año en el que se venden más flores) para adornar la sepultura y en las iglesias se celebra una misa especial. También es frecuente que este día las grandes catedrales exhiban las reliquias (restos de los santos, bien sea el cuerpo, ropajes u objetos) de los santos.

En cualquier caso, este día es el momento ideal para comer los dulces típicos de esta celebración, por ejemplo, los buñuelos de viento (masa frita rellena de crema, nata o chocolate; este dulce data en el siglo XVII), los huesos de santo (hechos con masa de mazapán), etc…

Numerosas poblaciones españolas celebran las “castañadas” en las que se sirven estos frutos (castañas) asados o preparados, generalmente, en dulces.

Pero el Día de Todos los Santos también tiene sitio para el arte, en especial el teatro. Hasta hace muy poco tiempo este día era tradición representar “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. El tema y trasfondo era ideal: el pecador rebelde que, entre los muertos, consigue la redención en el atardecer de su vida. A día de hoy, no hay tanta afición por esta obra, pero en algunas ciudades y pueblos todavía podemos verla en día tan señalado.

Es curioso como lo solemne, lo festivo, lo informal y lo cultural se pueden juntar en un solo día.

Suele ocurrir que se confunde el Día de Todos los Santos con el Día de los Fieles Difuntos, también conocido como Día de los Muertos o Día de las Ánimas. Sin embargo, se trata de festividades distintas.

El Día de los Difuntos se celebra el 2 de noviembre y honra el recuerdo de quienes ya no siguen en la vida terrenal.

En otros lugares del mundo también se celebra este día.  México es el lugar por excelencia del homenaje a los muertos. Es una tradición prehispánica que procede de la costumbre de guardar los cráneos de los muertos como trofeos. 

En otros países de Latinoamérica se acude al camposanto para disfrutar de una comida alrededor de las lápidas de los seres queridos. Incluso, guitarra en mano, le dedican alegres canciones para animar el ambiente.

En los últimos tiempos, por influencia anglosajona, se ha creído que la fiesta de Halloween venía a sustituir la festividad del Día de Todos los Santos.

Halloween, también conocido como Noche de Brujas o Noche de Víspera de Difuntos, es una celebración de origen celta y se celebra la noche del 31 de octubre desde el siglo XIX principalmente en los Países Anglosajones (EE.UU. sobre todo), Europa del Norte e Iberoamérica.

La internacionalización de Halloween se produjo a principio de los años 1980 gracias al cine y a las series de televisión. En Europa son muchas las ciudades en las que los jóvenes han decidido importar el modo con el que Estados Unidos concibe Halloween celebrándolo con fiestas y disfraces.

El hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días es, en cierta medida, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad.

Podemos considerar entonces que son unas y otras celebraciones totalmente diferentes en torno a una misma temática, muertos y espíritus.

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